Sé lo que debería comer, pero no lo hago, ¿por qué?

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Hay una frase que escucho muchísimo:

“Fernando, si yo sé perfectamente lo que tengo que comer.”

Y muchas veces es verdad.

Sabes que probablemente sería mejor no picar toda la tarde.
Sabes que no necesitas terminar esa bolsa.
Sabes que después de cenar realmente no tienes hambre.

Lo sabes.

Y, sin embargo, llega un determinado momento… y haces justo lo contrario de lo que habías decidido.

Entonces quizá el problema no sea que necesites aprender más nutrición.

Quizá necesites comprender qué ocurre entre lo que sabes y lo que finalmente haces.


El error de pensar que falta información

Durante muchos años hemos abordado los problemas con la comida fundamentalmente enseñando a la gente qué debería comer.

Qué alimentos convienen.
Cuánto hay que comer.
Qué deberíamos evitar.

Y todo eso puede ser útil.

Pero hay personas que podrían dar casi una clase de nutrición.

Han hecho dietas durante veinte o treinta años.
Han leído libros.
Han ido a nutricionistas.
Conocen las calorías, los hidratos, las proteínas…

Y continúan teniendo dificultades.

Eso debería hacernos pensar.

Porque si el problema fuese simplemente no saber qué comer, después de aprenderlo el problema debería desaparecer.

Y muchas veces no desaparece.


Lo que ocurre realmente

Imagina una situación muy sencilla.

Son las ocho de la tarde.

Has tenido un día complicado.

Llegas a casa cansada, quizá enfadada, quizá preocupada.

Y aparece algo de comer.

En ese momento no estás haciendo un examen de nutrición.

No estás pensando:

“¿Cuántos hidratos de carbono tiene esto?”

Está ocurriendo otra cosa.

Quizá necesitas parar.

Quizá necesitas un premio.

Quizá llevas todo el día resolviendo problemas de los demás y ese momento con la comida es el primero que sientes como tuyo.

Quizá estás aburrida.

Quizá simplemente has repetido esa escena tantas veces que prácticamente ocurre sola.

Y entonces la pregunta interesante deja de ser:

“¿Por qué he comido esto si sé que no debería?”

y empieza a ser:

“¿Qué estaba ocurriendo conmigo en ese momento?”


Una pregunta diferente

Esta es una de las cosas que más me interesa trabajar.

En lugar de juzgarnos inmediatamente por lo que hemos comido, intentar comprender la escena.

¿Qué había ocurrido antes?

¿Cómo estaba yo?

¿Qué necesitaba?

¿Qué pensamiento apareció?

¿Qué me estaba ofreciendo la comida en ese momento?

Porque a veces le pedimos a la comida muchas más cosas que alimentarnos.

Le pedimos descanso.

Le pedimos consuelo.

Le pedimos entretenimiento.

Le pedimos un premio.

Le pedimos que marque el final del día.

Incluso podemos pedirle algo tan sencillo como:
“Durante cinco minutos déjame no pensar en nada.”

Y claro, si la comida tiene que hacer todas esas funciones, simplemente decirnos “no comas” suele quedarse bastante corto.


No es resignarse

Y comprender esto no significa justificarlo todo.

A veces existe cierta confusión.

Parece que si dejamos de castigarnos estamos diciendo que da igual lo que hagamos.

Para mí es justamente al contrario.

Comprender bien una conducta nos da muchas más posibilidades de cambiarla.

Si yo creo que todo mi problema es que “no tengo fuerza de voluntad”, tengo pocas opciones.

Puedo exigirme más.

Controlarme más.

Prometerme que mañana lo haré mejor.

Y probablemente ya lo he hecho muchas veces.

Pero si descubro que todos los días llego a las siete de la tarde agotado, sin haber parado, después de haberme ocupado de todo el mundo…

entonces ya hay algo concreto sobre lo que podemos trabajar.

He pasado de condenarme a comprender una situación.


El momento en que cambia la decisión

Además, hay algo que me parece especialmente importante.

Muchas veces la decisión no se pierde justo cuando cogemos la comida.

Empieza bastante antes.

Puede empezar cuando llevamos todo el día restringiendo.

Cuando hemos dormido mal.

Cuando pensamos:

“Ya he estropeado el día, así que da igual.”

Cuando pasamos delante de la cocina sin saber muy bien qué estamos buscando.

Cuando abrimos un armario.

Cuando empezamos a comer de pie mientras hacemos otra cosa.

Por eso aprender a observar esos pequeños momentos puede ser mucho más útil que esperar hasta el final y preguntarnos:

“¿Cómo he podido volver a hacer esto?”


Pequeña tarea para quien está mirando

Así que te voy a proponer algo muy sencillo.

La próxima vez que comas de una manera que después no entiendas muy bien, intenta no empezar inmediatamente por:

“Otra vez lo he hecho mal.”

Hazte tres preguntas:

¿Qué estaba ocurriendo antes?

¿Cómo estaba yo en ese momento?

¿Qué esperaba obtener de la comida?

No necesitas resolver nada todavía.

Solo observar.

Porque aprender a observar sin condenarnos es muchas veces el primer paso para recuperar capacidad de elección.

Soy Fernando Aceiro, médico, y este es precisamente el tipo de cosas que trabajamos desde la Psiconutrición Consciente.

No se trata solamente de aprender qué comer.

Se trata de comprender nuestra manera de relacionarnos con la comida para poder construir una forma de cuidarnos que funcione también en la vida real.

No necesitas otra dieta. Necesitas comprender qué ocurre con la comida.

Si te interesa este enfoque, puedes seguir explorando los vídeos del canal.

Y si quieres comprender mejor tu caso particular, debajo del vídeo encontrarás también información sobre mi Sesión de Claridad.

ENLACE SESIÓN DE CLARIDAD

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