Todo o nada con la comida: por qué pasas de hacerlo perfecto a abandonar

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Cuando una pequeña desviación se convierte en abandono

Imagínate esta situación.

Es lunes.

Has decidido cuidarte.

Desayunas bien, comes bien, cenas lo que habías pensado…

El martes también.

El miércoles más o menos.

Y el jueves ocurre algo.

Llegas cansada, comes algo que no tenías previsto o terminas cenando más de lo que querías.

Hasta ahí ha ocurrido una cosa bastante pequeña.

Pero entonces aparece un pensamiento:

“Bueno… ya lo he estropeado.”

Y casi inmediatamente aparece otro:

“Pues ya da igual.”

Y aquello que podía haber sido simplemente una comida diferente termina convirtiéndose en toda una tarde, todo un día o incluso en:

“Ya empezaré otra vez el lunes.”

Si te reconoces en esto, me gustaría que hoy observáramos algo.

Porque quizá el problema no está solamente en lo que has comido.

Quizá una parte muy importante del problema aparece justo después.

Una comida no tiene tanto poder

Supongamos que llevabas varios días cuidándote y una noche comes pizza.

La pizza no puede borrar lo que hiciste el lunes.

Ni lo que hiciste el martes.

Ni lo que hiciste el miércoles.

Una cosa es lo que ocurrió y otra lo que significa para ti

Pero tu cabeza puede interpretar esa comida como si todo el proceso hubiera desaparecido:

“Lo he hecho mal.”

Y de ahí podemos pasar muy rápidamente a:

“Entonces ya no merece la pena seguir.”

Fíjate en la diferencia.

Una cosa es el hecho:

“He comido de una manera diferente a la que había previsto.”

Y otra cosa completamente distinta es la sentencia:

“Lo he estropeado todo.”

El hecho describe algo que ocurrió.

La sentencia decide lo que significa.

Y muchas veces es esa sentencia la que termina determinando lo que hacemos después.

El problema de necesitar hacerlo perfecto

El problema del todo o nada

Hay personas que han aprendido a cuidarse dentro de una especie de sistema binario.

O lo hago bien…

o lo hago mal.

O estoy cumpliendo…

o estoy fallando.

O estoy a dieta…

o estoy fuera de ella.

Y mientras todo va según lo previsto, ese sistema parece funcionar.

El problema aparece cuando llega la vida real.

Una comida con amigos.

Un viaje.

Un día complicado.

Una celebración.

Una noche en la que estás agotada.

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Cuidarte no significa cumplir siempre

Porque es prácticamente imposible vivir durante meses o años sin desviarnos nunca de lo que habíamos pensado.

Entonces, si para sentir que estoy cuidándome necesito hacerlo perfecto, tengo un problema.

Porque cualquier desviación puede convertirse en una razón para abandonar.

Quizá has confundido cuidarte con cumplir

Y esta diferencia me parece importante.

Cuidarte no es exactamente lo mismo que cumplir un plan.

Puedes cumplir perfectamente una dieta durante tres semanas y estar viviendo pendiente de la comida, con miedo a equivocarte y esperando desesperadamente que llegue el día en que puedas comer lo que realmente quieres.

Y también puedes encontrarte en un restaurante, elegir algo que no habías previsto, disfrutarlo y en la siguiente comida continuar cuidándote con total normalidad.

¿Quién está construyendo una relación más sostenible con la comida?

Probablemente la segunda persona.

Porque ha aprendido algo fundamental:

una elección no necesita determinar la siguiente.

¿Qué te dices después de comer?

El momento que me interesa está después

Cuando trabajo con una persona que me dice:

“Estaba haciéndolo fenomenal y de repente lo mandé todo al garete”,

me interesa saber qué ocurrió antes de comer.

Pero también me interesa muchísimo saber qué ocurrió después.

¿Qué te dijiste?

“Soy un desastre.”

“Nunca voy a cambiar.”

“Ya que me lo he saltado…”

“Mañana empiezo.”

“Esta semana ya está perdida.”

Porque muchas veces ahí encontramos el momento en el que una pequeña desviación se convierte en abandono.

No cuando comes.

Sino cuando decides lo que significa haber comido.

Imagina otra respuesta

Volvamos a la misma escena.

Has cenado más de lo que querías.

Aparece el pensamiento:

“Ya lo he fastidiado.”

Pero esta vez haces algo distinto.

Te dices:

“No. He cenado más de lo que quería. Eso es lo que ha ocurrido.”

Nada más.

No necesitas castigarte.

No necesitas compensarlo mañana.

No necesitas saltarte el desayuno.

Y tampoco necesitas decir:

“Bueno, pues entonces puedo hacer lo que me dé la gana.”

Simplemente puedes preguntarte:

“¿Cuál es ahora la siguiente decisión que puede cuidarme?”

Para mí, esta pregunta tiene muchísimo valor.

Porque devuelve la atención al presente.

No intenta borrar lo que pasó.

No intenta compensarlo.

No convierte un comportamiento en una identidad.

Simplemente recupera la posibilidad de elegir otra vez.

Flexibilidad no significa “todo vale”

A veces tenemos miedo de tratarnos así porque pensamos:

“Si no soy duro conmigo, me voy a descontrolar.”

Como si solo hubiera dos posibilidades.

Control absoluto.

O permisividad absoluta.

Una elección no necesita determinar la siguiente

Pero existe un espacio entre ambas.

Puedo reconocer:

“No era esto lo que quería hacer.”

Puedo intentar comprender qué ocurrió.

Puedo aprender algo de esa experiencia.

Y al mismo tiempo puedo evitar convertirme en mi propio juez.

Eso no es permisividad.

Es aprender a continuar.

La continuidad puede ser más importante que la perfección

Imagina dos personas.

La primera cumple su plan perfectamente durante diez días.

El día once se sale.

Se enfada consigo misma y abandona durante las siguientes tres semanas.

La segunda no lo hace perfecto.

Tiene comidas diferentes.

Días mejores y días peores.

Pero cada vez que se aleja un poco de lo que quería hacer, vuelve a preguntarse:

“¿Qué puedo hacer ahora?”

¿Cuál de las dos crees que tiene más posibilidades de construir algo sostenible?

Probablemente la segunda.

Porque está desarrollando una capacidad que para mí es fundamental:

blog se trata de continuar copia

Continuidad en lugar de perfección

continuar sin necesitar hacerlo perfecto.

Un pequeño ejercicio

La próxima vez que aparezca el “ya da igual”, prueba a separar dos cosas.

Primero:

¿Qué ocurrió realmente?

Por ejemplo:

“Esta tarde comí varios dulces.”

Eso es un hecho.

Después observa:

¿Qué me estoy diciendo sobre lo que ocurrió?

“Soy incapaz.”

“He vuelto a fracasar.”

“Ya lo he estropeado.”

“Esta semana ya no cuenta.”

Eso ya no son hechos.

Son interpretaciones.

Y antes de actuar desde ellas, prueba a preguntarte:

“¿Cuál es la siguiente decisión que me ayudaría a seguir cuidándome?”

Puede ser algo muy pequeño.

Pero esa pequeña decisión cambia algo fundamental:

ya no estás empezando otra vez.

Estás continuando.

Para terminar

¿Necesitas comprender qué ocurre en tu caso?

Quizá llevas muchos años creyendo que tu problema es que no eres suficientemente constante.

Pero a veces sucede algo diferente.

Intentas hacerlo tan bien que cualquier desviación parece demostrarte que has vuelto a fracasar.

Y entonces abandonas.

Por eso puede que no necesites aprender a hacerlo perfecto.

Puede que necesites aprender a no abandonarte cuando no lo haces perfecto.

Eso también forma parte de mejorar tu relación con la comida.

Porque no se trata solamente de qué comes.

También importa cómo te tratas cuando las cosas no salen exactamente como habías previsto.

Si mientras me escuchabas has reconocido ese “ya da igual” y te gustaría comprender por qué aparece de esa manera en tu caso, puedes conocer la Sesión de Claridad.

Es una sesión individual para detenernos, comprender qué está ocurriendo en tu relación con la comida y ver qué pasos podrían tener sentido para ti.

Te dejo la información debajo.

Y nos vemos en el próximo vídeo.

“Si te reconoces en este patrón y quieres comprender mejor qué está ocurriendo en tu caso, puedes conocer cómo funciona la Sesión de Claridad.”

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